D E M O L I C I O N E S   E C O N Ó M I C A S

D E   M I G U E L   M O R E N O   D U H A M E L

&   R A Ú L   M U Ñ O Z

p o r   M a r c e l a   P a r r a


 

 

 

 

Marcela Parra, docente, música y poeta


 

 

     

 


La escritura es siempre consecuencia de una creación colectiva


 

 

LO QUE MAÑANA SUCEDIÓ SUCEDERÁ AYER

 

La Creatividad social, según Adrián Koberwein (2014) es un proceso de producción que sugiere una tensión entre lo viejo y lo nuevo, en el cual se encuentra latente el problema político acerca de quiénes tienen el poder para definir los criterios con que ponderamos a las cosas de “novedad” y en qué aspecto de nuestras relaciones sociales es necesario innovar.  Frente a esta idea, la poesía tiene (o debiera tener) el poder de proponer transformaciones y re-configuraciones de la cultura sin censuras ni jerarquías de poder, asumiendo y desafiando a la vez el costo que esta libertad presenta: la escasa exposición de esa re-configuración, si la comparamos con el poder mediático de la cultura de masas. Por esto último, es difícil definir un criterio para medir el impacto de la palabra poética en nuestras vidas en relación a otras comunicaciones que nos llegan, ya que si bien la poesía tiene un radio de difusión menor, en esa pequeña irradiación puede condensar mucho más de lo que la cultura de masas es capaz de diluir en su vasto territorio.

 

Volviendo al punto de vista de la creatividad social, nos encontramos con el hecho de que la escritura es siempre consecuencia de una creación colectiva, aunque aparentemente parezca un acto individual. Esto quiere decir que tanto nuestras memorias como las cosas que imaginamos y proyectamos a raíz de ellas, son un precipitado de relaciones sociales, signos culturales, espacios privados y públicos que confluyen en lo creado. Demoliciones Económicas pareciera poner énfasis en este punto, abriéndose como un ensayo poético en torno a la re-significación y reinvención constante de la memoria individual y social. Su co-autoría señala también en esta dirección, ya que los límites entre los autores se pierden entre las páginas mientras el tiempo y su cuerpo acrónico nos lleva a reconocer distintos signos e historias ajenas como si fueran nuestras, porque en el fondo, todo aquello que reconocemos como signo visual, palabra y escenario, tiene con nosotros una historia común; un territorio del cual todos somos parte.

 

Los recuerdos no son archivos guardados en un cajón bajo llave; su conservación depende de la introducción de un cambio, de una novedad en el recuerdo aprehendido. Sin la introducción de ese cambio o novedad, el recuerdo es fagocitado por el olvido. Por ello, Demoliciones Económicas no es un llamado a recordar, si no la puesta en marcha del recuerdo, como acto político y de amor. En sus páginas aparece una historia cohabitada, que se configura con un objetivo a veces caótico a veces plausible; como lo es la puesta en escena de la dictadura de 1973 en Chile, donde el amedrentamiento del movimiento social y el poder de las instituciones y las armas sobre los cuerpos, encuentran su forma de sobrevivir como memoria en la transformación de esa opaca realidad por medio de la humanización, de la fuerza del ingenio, de la recuperación de la expresión social, incluso del humor. Esta fuerza humilla a las balas. La línea temporal retrocede aún más cuando aparece la disciplina autoritaria en la niñez, expresada como una forma de temprana sumisión, adoctrinamiento y aceptación del papel de los organismos represivos en nuestra vida como parte del crecimiento personal.

 

Por otro lado, un abanico de mensajes en tránsito aparece: desde la imagen de masas hasta los avisos económicos que circulan en una especie de micro-publicidad de bajo costo, diseñada con collage, fotocopiada e instalada en pequeñas e improvisadas plataformas públicas con las que entramos en contacto a diario. Este abanico condensa símbolos, mensajes, posturas ideologías, formas de hacer y deshacer. La mayoría de las imágenes que aparecen en el libro perfectamente podrían estar en  el archivo histórico de la biblioteca nacional, lo que propone una lectura a distancia, re-significada desde nuestro presente y que nos permite observar con extrañeza aquello que antes parecía “natural”. La combinatoria de imágenes, memorias, fantasías, aumenta debido al ejercicio del collage, lo que potencia más aún la extrañeza del compendio cultural.

 

“La poesía puede usar cualquier significante, pero es poesía, no es otra cosa”: Este verso llama potentemente mi atención y me lleva a pensar que debido a lo mismo, si la poesía se instala en nuestra mirada, en la vida se vuelve indistinguible qué es poesía y qué no lo es. Planteado esto es donde las poesías del porno, de las fotografías familiares, del cómic, hasta el Costanera Center (“edificio en el ojo/torre de muerte/apocalíptico burdel de cristal i sangre/masturbamos ojos manos registros sobre el horizonte/Paulman te lo muestra sin anestesia”) entran en el código de la poesía: un ejercicio que dialoga con el Parriano Quebrantahuesos y nos recuerda que bastante seguido hay que volver a bajar a los poetas del Olimpo.

 

El erotismo heteronormado también aparece, como un punto de observación de la mujer que a la vez protege al observante de ser observado, por sí mismo y por las demás personas, generando una dicotomía en la que el voyeur se conecta con algo sublime en su interior a la vez que se aliena de sí mismo. Los femicidios, son planteados por los autores como “regalos de iniciación”, conjeturo que quizás en esta dicotomía.

 

El zodiaco surge de pronto como un elemento inesperado, cerquita de los crímenes pasionales y de un set de pulgas gigantes que saltan de página a página. Las tumbas vacías de Chile. Imágenes que en su mayoría, de una u otra manera, están cargadas de violencia, tanto por su contenido visual-social como por la velocidad con que son desplazadas unas por otras dentro del libro, estrategia por medio de la cual dan cuenta no sólo de una crítica a la capitalización del ser humano, ya que también han sido escogidas como una “toma de muestra” de la información visual que a diario entra por nuestra retina, tanto a lo largo de nuestra historia individual como de nuestra memoria colectiva, por lo cual la violencia que aparece en las imágenes sencillamente da cuenta de su homónima realidad.

 

Al terminar el libro quedé con la sensación de que crear es un proceso digestivo; una demolición cuyos escombros vuelven a aparecer en nuevas murallas, grafitis, ventanas, avenidas, centros comerciales, paraderos de micro, callejones sin salida. Demoliciones Económicas plantea que la poesía es quien retira los escombros, evitando que se descarguen en lugares donde no podemos verlos, donde podrían ser incinerados, arrojados a los ríos o a los cajones cerrados donde se gesta el olvido. En lugar de ello los instala arriba de nuestra cama,  sobre la mesa, en el lavamanos, donde sea que puedan convertirse en parte de los ingredientes de la cotidianidad.

 

 


 

 

 

 

 


 

Miguel Moreno Duhamel es escritor, músico, visualista.  Ha publicado los libros "El Barco de Papel" (2005); "La Fragilidad de la Belleza" (2013); "La Legión de los Tártaros" (2015).

 

Raúl Muñoz es escritor, músico e imprentero.  Ha publicado "Eyacubraciones" (1987); "Pantalla Paranoi K" (1989); "Dos en Uno. El Sabor de la Poesía" (2015).

 

"Demoliciones Económicas", Marciano Ediciones, 2018. Poemas. 74 páginas.

Disponible en Librería Metales Pesados, José Miguel de la Barra 460, Santiago.

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