L A   M U E R T E   D E   L A

T E L E V I S I Ó N   N O   S E R Á

T E L E V I S A D A

D E   E M E R S S O N   P É R E Z

p o r   M i g u e l   M o r e n o   D u h a m e l


 

 

 

 

Miguel Moreno Duhamel, escritor, músico y visualista.


 


EL MAÑANA SE PARECE TANTO AL HOY


 

 

 

 

 

 

Nos adentramos en un mundo simbiótico en que destellos de una civilización robótica, futurista, manipulada por pantallas de diversas pulgadas, conviven con una antigua sociedad que se refugia en la parte más humana de la nostalgia, en los recuerdos de la niñez, en los momentos íntimos comunes y corrientes. En el libro "La muerte de la televisión no será televisada", se pueden encontrar múltiples referencias a la cultura popular, desde su título que nos manda a la memoria auditiva The revolution will not be televised de Gil Scott-Heron, hasta las teorías conspirativas que hablan de un Stanley Kubrick montando en un estudio la llegada del hombre a la luna. Pasan de la mano por sus páginas las figuras de Jorge Teillier, Elvira Hernández, Soda Stéreo o el Festival de Viña del Mar. Es un escenario a veces caótico, plagado de reality shows, en el que nos sentimos encarcelados y vigilados, a la manera de The Truman Show, dentro de una sociedad neoliberal con sus máximos adalides a cargo de la fiesta, uno que hablaba de tiempos mejores y otro invisible, aunque omnipresente encarcelando también a la pobreza. Afortunadamente para nuestra frágil humanidad, como contrapartida está el refugio de la niñez, la adolescencia, el amor. Los pequeños detalles de un hermoso bordado hecho con lana con que nuestras abuelas cubrían los televisores u otros muebles de la casa, una exasperante inutilidad en apariencia, pero que, en realidad, es una de las tablas a la que podemos aferrarnos en el naufragio:

“Cuando hoy me toca ver alguno de estos ornamentos
que parecieran no tener ninguna utilidad
y entro a la casa de alguna anciana de barrio
me llevo la escena a crochet a mis sentimientos
y enciendo esa luz de los recuerdos”

(Las abuelas cubren los televisores)


Emersson Pérez, el autor de este libro, posee una vasta trayectoria en el mundo de las letras y de las editoriales independientes. Es, junto a Octavio Bernabé, el creador de la editorial Los perros románticos que tan interesantes títulos ha entregado a los lectores.

“La muerte de la televisión…” sale bajo el alero de Ediciones Filacteria, dirigida por Rodrigo Peralta. Es la segunda edición la que tengo en mis manos y sé que esta obra ha salido a volar por el mundo bajo el sello de otras casas en México y España. Es un libro formalmente bien hecho con una cuidada estética, un hermoso objeto.

El autor muestra en estos poemas ser tributario de la literatura de anticipación, aunque más que predecir el futuro tal parece prevenirnos de él, de su automatización y alienación a que nos somete todo aquello que se representa en la televisión, sabiendo que es toda la tecnología con sus computadores, tablets, redes sociales y teléfonos inteligentes, la que nos mantiene neojorobados con los ojos mirando hacia el suelo un mundo virtual en donde nos mantenemos asépticos, con esa manía de darle valor a todo, en donde incluso el olor es trasmitido, mostrándonos en sus comerciales la vida deseable, la realidad perfecta para una sociedad neoliberal de probeta.

Pérez es un descreído, como tantos otros a quienes les han enseñado a desconfiar, nos dice:

“Aprendí a desconfiar de todas las empresas

corporaciones culturales con fines de lucro,
asociaciones civiles y fideicomisos, cooperativas y colectivos
y más aún las que dicen sin fines de…,
juntas de vecinos, centros de madres,
colectivos de poesía.
Siempre desconfié de la televisión y ella desconfió de mí.
Individuos del mundo uníos contra toda unión.”


Pérez, es un transeúnte que se pasea por las calles observando la robótica, las ex machina, la tecnología que sólo aumentan la distancia social entre aquellos cabizbajos que pueden y los otros, muchos aún, donde no llega el internet, los pequeños de piernas quebradas a quienes la cámara enfoca sólo en un plano americano, pero en cuya miseria habita un aparato de televisión mostrando un cliché, uno en donde todo el mundo sabe / que la escena está pasada de moda / pero seguimos pegados a la pantalla con la boca abierta pensando en el futuro.

Emersson Pérez se atreve a darnos una receta para saber si estamos en el mundo real o en el imaginario:

1.- Tome 5 fotografías del transcurso de su vida.
2.- Anime a un futuro espectador “desconocido” a observarlas.
3.- Luego convidarlo a separarlas en 2 grupos
(1 y 4, 2 y 3 o al inverso).
4.- Tentativa respuesta (las otras tentativas son su trabajo)
1 montón será su realidad el otro su ficción. Analice su vida.

4.1.- ¿Satisfecho?

(Realidad o Ficción)


Y, tal como dije antes, frente a la deshumanización, el refugio está en lo íntimo de los recuerdos, del hogar, de la casa, aunque tengamos esas horribles deudas que nos agobian mientras trasmiten los infomerciales.

Emersson Pérez sigue siendo el habitante que nos muestra un planeta mezcla de hierro y carne. ¿Un mundo futurista? ¡Diablos!, salgo a la calle y todo está ahí, ahora mismo, en veredas semi vacías, a la espera de un toque de queda, aguardando el nuevo conteo de muertos por un virus que llegó en las mucosas de los más poderosos; jugando a evitar la extinción mientras confiamos nuestra seguridad a mascarillas de trapo, lavables, hechas en casa. El mañana se parece tanto al hoy.
 


 

 

 
 

 

 


 

Emersson Pérez (Santiago, 1982).  Técnico superior en Bibliotecología ICC y diplomado en edición por la Universidad de Santiago de Chile.  Ha publicado en el anuario poético Márgenes del Colectivo Mal de Ojo (Ajiaco Ediciones, 2011) y Rieles sumergidos (2012).  Seleccionado en las antologías: Poesía molotov (Editorial Cascada de Palabras, México, 2011), Cordillera de voces - Poesía chilena actual (Sediento Ediciones, México, 2012), Antología de conspiradores (Marciano Ediciones, 2016), Pánico y locura en Santiago (Ediciones Santiago-Ander, 2017).

 

"La muerte de la televisión no será televisada", Ediciones Filacteria, 2018. Poemas. 46 páginas.

Solicítalo en el Facebook de Ediciones Filacteria y en el del autor.