L A   S A N G R E   E S T A N C A D A

D E   F E L I P E   A R A N C I B I A   Z U R I T A

p o r   J. J. C a r t a g e n a


 

 

 

Juan José Cartagena, escritor, director del taller Greda Azul.


 


Imágenes que nos sacuden


 


“Fue de una ociosidad acongojante:
Mire me dijo, y si quiere salir vivo
de aquí mejor escúcheme. Nuestra religión
no es un baile. No es una balsa de perdidos
en el mar, ni un manicomio de adivinos.
Su estructura profunda e inamovible
no es libertaria, sino sacramental…”


Diego Maquieira

En este poemario veremos al autor enfrentado a una contradicción existencial, por una parte debido a su mirada poética y, por la otra al desencanto que ésta le pueda provocar al mismo tiempo, pues ella es permanente en su ser, en su cotidiano; en una sociedad que pareciera caerse a pedazos. Ello lo podemos apreciar en este fragmento de uno de sus poemas, “Mi poesía tiene ojos desorbitados / y una estridente risa de hienas / que no me aliviana ni un carajo. / Mi poesía es un espanto / porque esta ciudad me tiene como tal.”

Nos trae imágenes destempladas, expresadas con un lenguaje duro, que a veces lo lanza contra sí mismo. Pareciera mirar desde abajo, desde lo más oscuro. Sin embargo, siempre está intentando emerger, para desencadenar su lucha, entre el poeta y el hombre que habitan esta ciudad, pretendiendo que convivan en un mismo espacio, a sabiendas del costo que implica semejante aventura.
Aquí hay una crítica ácida a su entorno, debido a la decadencia misma de nuestra sociedad, que percibe como lentamente va aplastando sus sueños.
Su lenguaje crea imágenes que nos sacuden, para ello da rienda suelta a neologismos, para expresar su mundo. Válido al fin y al cabo frente a esta vorágine.

Lo veremos desdoblándose en la intensidad de sus versos, intentando sumergir al lector en su mundo, para así experimentar juntos la poética que nos ha trazado.
En sus textos juega con la brevedad, con poemas compuestos de una o dos estrofas. No obstante, hay uno que otro poema de mayor extensión y, a modo de infidencia, decirles, que desde ahí nace el título que pudo llevar este poemario, “Poemitas huachos + 4 chorizos desaforados”.
Nos adentraremos a su más íntimo, donde no quiere guardarse nada. Palparemos su fragilidad, su vómito visceral y ese desnudarse sin pudor; algo que resulta casi una literalidad, tal vez debido a su profesión de actor, que le otorga desparpajo y arrojo en su decir poético.
El autor nunca se aleja de lo social, porque esto es algo que le incumbe y le mueve. Ello siempre va a estar presente, como un latido permanente en su voz, una que transita entre lo anti-poético y el lenguaje callejero, algo que pareciera dislocar la retórica; ello se puede apreciar en la mayoría de sus poemas, como en “Fractura de arranque”, en la segunda estrofa, cuando nos dice, “Desembocado en la cuna tormentosa de la poesía; / Masturbación de los desolados, /utilizo metáforas para decir, / lo que nunca podré pronunciar”. Son versos que nos muestran belleza, intensidad e irreverencia.

Decirles que este es su segundo poemario, y ya han pasado dos años desde el primero, durante los cuales Felipe Arancibia Zurita, ha hilvanado estos nuevos versos a punta de trabajo, lo que ha significado indagar, profundizar cada vez más en la poesía y en el ejercicio permanente de la escritura, experimentando de manera constante, para de esta forma llegar a descubrir su propia voz.

 


 

 

 

 

 


 

Felipe Arancibia Zurita, San Miguel, Chile, 1985.

 

"La sangre estancada", Marciano Ediciones, 2020.

Poesía. 80 páginas.

Disponible en http://marcianoediciones.cl/carrito/productos_ver.php?id=30